
cuando la luz de afuera se apagó yo me encontré
encontré mis ojos mirándome
calándome sin quejas
sin aromas de falacia
sin sombras
sin escombros
fueron mis lágrimas
ellas saciaron aquella sed
y en la sequedad de mi boca agrietada
encontraban el lugar exacto
como la pluma al papel
he conocido el cielo y el infierno de estar vivo
de ser algo mas que una hoja cayendo al infinito
he podido sentirme cambiando ese rumbo hacia la nada
si quieres saber
ya no me importa que alguien encienda
todas esas luces que he apagado hace tanto
ahora soy esto
este silencio que no calla mordiéndote la oreja
ya no me urge hablarle a la sordera
dispenso ser la mira para dientes afilados de egoísmo
que quieran obligarme a que no sea
solo vengo hurgando en mis entrañas
persiguiendo la luz tenue en mis adentros
y avivarla es por siempre mi desvelo
ya no le temo a la nada
jueves, mayo 01, 2008
Entre una caña y otra
sábado, abril 05, 2008
lunes, marzo 31, 2008
No, Gracias.
insisto en que las reglas no son justas
insisto en denunciarles la estrategia
y no voy a aceptar que me discutan
lo que mis ojos ven
ni lo que siento
si para involucrarse en este juego
yo debo acostumbrarme
les dejo la partida a los idiotas
no moveré las piezas
desbaraté mi rey en el comienzo
en este juego absurdo que proponen
no admito mi bandera a media asta
tampoco que la hoja de instrucciones
prescinda del vocablo dignidad
porque este reglamento que defienden
es sucio
huele mal
y me avergüenza
porque yo no comulgo con tramposos
ni con quienes hicieron
un arte de mentir
y traicionarse
y a ti que participas te pregunto
si en realidad disfrutas la partida
si honestamente puedes divertirte
sabiendo que aún ganando estás perdiendo
y que apostaste todo
por tan poco
El Margen De Error
http://elmargendeerror.blogspot.com/
jueves, marzo 20, 2008
Levi
El Gran Secreto
Eliphas Levi
Sabiduría, moralidad, virtud: palabras respetables, pero vagas, sobre las cuales se disputa desde hace muchos siglos pero sin haber conseguido entenderlas.
Querría ser sabio, mas ¿tendré yo la certeza de mi sabiduría, mientras crea que los locos son más felices y hasta más alegres que yo?
Es preciso tener buenas costumbres, pero todos somos algo niños: las moralidades nos adormecen. Y es que nos enseñan moralidades tontas que no convienen a nuestra naturaleza. Hablamos de lo que no nos interesa y pensamos en otra cosa.
Excelente cosa es la virtud: su nombre quiere decir fuerza, poder. El mundo subsiste por la virtud de Dios. Mas ¿en qué consiste para nosotros la virtud? ¿Será una virtud para enflaquecer la cabeza o suavizar el rostro? ¿Llamaremos virtud a la simplicidad del hombre de bien que se deja despojar por los bellacos? ¿Será virtud abstenerse en el temor de abusar? ¿Qué pensaríamos de un hombre que no andase por miedo de quebrarse una pierna? La virtud, en todas las cosas, es lo opuesto de la nulidad, del sopor y de la impotencia.
La virtud supone la acción; pues si ordinariamente oponemos la virtud a las pasiones es para demostrar que ella nunca es pasiva.
La virtud no es solamente la fuerza, es también la razón directora de la fuerza. Es el poder equilibrante de la vida.
El gran secreto de la virtud, de la virtualidad y de la vida, sea temporal, sea eterna, puede formularse así:
El arte de balancear las fuerzas para equilibrar el movimiento.
El equilibrio que se necesita alcanzar no es el que produce la inmovilidad, sino el que realiza el movimiento. Pues la inmovilidad es muerte y el movimiento es vida.
Este equilibrio motor es el de la propia Naturaleza. La Naturaleza, equilibrando las fuerzas fatales, produce el mal físico y la destrucción aparente del hombre mal equilibrado. El hombre se libera de los males de la Naturaleza sabiendo sustraerse a la fatalidad de las circunstancias por el empleo inteligente de su libertad. Empleamos aquí la palabra fatalidad, porque las fuerzas imprevistas e incomprensibles para el hombre necesariamente le parecen fatales, lo que no indica que realmente lo sean.
La Naturaleza ha previsto la conservación de los animales dotados de instinto, pero también dispone todo para que el hombre imprudente perezca.
Los animales viven, por así decirlo, por sí mismos y sin esfuerzos. Sólo el hombre debe aprender a vivir. La ciencia de la vida es la ciencia del equilibrio moral.
Conciliar el saber y la religión, la razón y el sentimiento, la energía y la dulzura es el fondo de ese equilibrio.
La verdadera fuerza invencible es la fuerza sin violencia. Los hombres violentos son hombres débiles e imprudentes, cuyos esfuerzos se vuelven siempre contra ellos mismos.
El afecto violento se asemeja al odio y casi a la aversión.
La cólera hace que la persona se entregue ciegamente a sus enemigos. Los héroes que describe el poeta griego Homero, cuando combaten, tienen el cuidado de insultarse para entrar en furor recíprocamente, sabiendo de antemano, con todas las probabilidades, que el más furioso de los dos será vencido.
El fogoso Aquiles estaba predestinado a perecer desgraciadamente. Era el más altivo y el más valeroso de los griegos y sólo causaba desastres a sus conciudadanos.
El que hace tomar Troya es el prudente y paciente Ulises, que sabe siempre contenerse y sólo hiere con golpe seguro. Aquiles es la pasión y Ulises la virtud, y es desde este punto de vista que debemos tratar de comprender el alto alcance filosófico y moral de los poemas de Homero.
Sin duda que el autor de estos poemas era un iniciado de primer orden, pues el Gran Arcano de la Alta Magia práctica está entero en la Odisea.
El Gran Arcano Mágico, el Arcano único e incomunicable tiene por objeto poner, por así decirlo, el poder divino al servicio de la voluntad del hombre.
Para llegar a la realización de este Arcano es preciso SABER lo que se debe hacer, QUERER lo exacto, OSAR en lo que se debe y CALLAR con discernimiento.
El Ulises de Homero tiene, en contra de sí, a los dioses, los elementos, los cíclopes, las sirenas, Circe, etc., es decir, a todas las dificultades y todos los peligros de la vida.
Su palacio es invadido, su mujer es asediada, sus bienes son saqueados, su muerte es resuelta, pierde sus compañeros, sus navíos son hundidos; en fin, queda solo en su lucha contra la noche y el mal. Y así, solo, aplaca a los dioses, escapa del mal, ciega al cíclope, engaña a las sirenas, domina a Circe, recupera su palacio, libera a su mujer, mata a los que querían matarlo, y todo, porque quería volver a ver a Itaca y a Penélope, porque sabía escapar siempre del peligro, porque se atrevía con decisión y porque callaba siempre que fuera conveniente no hablar.
Pero, dirán contrariados los amantes de los cuentos azules, esto no es magia. ¿No existen talismanes, yerbas y raíces que hacen operar prodigios? ¿No hay fórmulas misteriosas que abren las puertas cerradas y hacen aparecer los espíritus? Háblanos de esto y deja para otra ocasión tus comentarios sobre la Odisea.
Si habéis leído mis obras precedentes, sabéis entonces que reconozco la eficacia relativa de las fórmulas, de las yerbas y de los talismanes. Pero éstos apenas son pequeños medios que se enlazan a los pequeños misterios. Os hablo ahora de las grandes fuerzas morales y no de los instrumentos materiales. Las fórmulas pertenecen a los ritos de la iniciación; los talismanes son auxiliares magnéticos; las yerbas corresponden a la medicina oculta, y el propio Homero no las desdeñaba. El Moly, el Lothos y el Nepenthes tienen su lugar en estos poemas, pero son ornamentos muy accesorios. La copa de Circe nada puede sobre Ulises, que conoce sus efectos funestos y sabe eludir el beberla. El iniciado en la alta ciencia de los magos nada tiene que temer de los hechiceros.
Las personas que recorren la magia ceremonial y van a consultar adivinos se asemejan a los que, multiplicando las prácticas de devoción, quieren o esperan suplir con ello la religión verdadera. Dichas personas nunca estarán satisfechas de vuestros sabios consejos. Todas esconden un secreto que es bien fácil de adivinar, y que podría expresarse así: «Tengo una pasión que la razón condena y que antepongo a la razón; es por eso que vengo a consultar al oráculo del desvarío, a fin de que me haga esperar, que me ayude a engañar mi conciencia y me de la paz del corazón».
Van así a beber en una fuente engañosa que después de satisfacerles la sed la aumenta cada vez más. El charlatán suministra oráculos oscuros y la gente encuentra en ellos lo que quiere encontrar y vuelve a buscar más esclarecimientos. Regresa al día siguiente, vuelve siempre, y de ese modo son los charlatanes los que hacen fortuna.
Los Gnósticos basilidianos decían que Sophia, la sabiduría natural del hombre, habiéndose enamorado de sí misma, como el Narciso de la mitología clásica, desvió la mirada de su principio y se lanzó fuera del circulo trazado por la luz divina llamada pleroma. Abandonada entonces a las tinieblas, hizo sacrilegios para dar a luz. Pero una hemorragia semejante a la que alude el Evangelio, le hizo perder su sangre, que se iba transformando en monstruos horribles. La más peligrosa de todas las locuras es la de la sabiduría corrompida.
Los corazones corrompidos envenenan toda la naturaleza. Para ellos el esplendor de los bellos días es apenas un ofuscante tedio y todos los goces de la vida, muertos para estas almas muertas, se levantan delante de ellas para maldecirlas, como los espectros de Ricardo III: «desespera y muere». Los grandes entusiasmos les hacen sonreír y lanzar al amor y a la belleza, como para vengarse, el desprecio insolente de Stenio y de Rollon. No debemos dejar caer los brazos acusando a la fatalidad; debemos luchar contra ella y vencerla. Aquellos que sucumben en ese combate son los que no supieron o no quisieron triunfar. No saber es una disculpa, pero no una justificación, puesto que se puede aprender. «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen», dijo el Cristo al expirar. Si fuese permitido no saber la oración del Salvador habría sido inexacta y el Padre nada hubiera tenido que perdonarles.
Cuando la gente no sabe, debe querer aprender. Mientras no se sabe es temerario osar, pero siempre es bueno saber callar.
¡Paz Profunda!
Este escrito forma parte de un artículo escrito por el insigne Alphonse Constant (Eliphas Levi) que, posteriormente, fue publicado como parte de su obra póstuma «El Gran Arcano del Ocultismo Revelado».
lunes, marzo 10, 2008
A

A.
A modo de despedida. Del libreto personal de A, febrero de 2008, fragmentos:
«La Verdad es aquello que produce resultado.»
BUDA
ALIADOS. Eso es lo que somos, lo que fuimos desde un principio y lo que siempre seremos. No es un compromiso ni una promesa, sino la expresión más íntima de nuestra naturaleza, el único modo en el que mi ser concibe y siente que puede estar ya en el mundo.
[...] Vivimos en un mundo en el que las cosas suceden a gran velocidad y el vértigo hace que muchas veces no reparemos en la lentitud de cierta belleza, en los detalles más frágiles de la historia. Por eso, y por el uso continuado y repetido de ciertas palabras en nuestra vida, algunas de ellas se gastan como lápices usados que cada vez van dejando un trazo más grueso y difuminado. Algunas de esas palabras pierden el filo y ya no nos sorprenden como antaño o, lo que es más importante, ya no les damos el mismo crédito.
[...] Y es que podemos asegurar muy pocas cosas en esta vida, porque la Verdad misma es un animal huidizo que va lanzando señuelos, y al tratar de descifrarlos perdemos demasiado tiempo, demasiada energía. Casi siempre las cosas son mucho más sencillas, y si realmente deseamos algo, vamos a por ello. Pero a veces no todo depende de nosotros, y aunque la fuerza de voluntad, el deseo y la esperanza sean capaces de incidir en la realidad misma para cambiarla, en ocasiones es esta la que nos moldea a nosotros, con un golpe inesperado del destino del que no podemos escapar. Lo encajaremos y superaremos o nos dejará abatidos, eso depende de nuestra fuerza interior. La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae. La vida nos pone delante las oportunidades para crecer o vivir algo intenso, para trascender, y sólo de nosotros depende aprovecharlas. Uno ha de ser valiente para no arrepentirse de haber dejado escapar algo, cuando tuvo su momento. Porque nunca sabrá qué hubiera sucedido. Y sólo hay dos maneras de conseguir evitar ese arrepentimiento: el olvido o la apuesta, dejarse vencer o dejarse ir, conformarse o luchar. Seguir la inercia de las cosas o marcar el propio ritmo, aunque cada elección suponga una renuncia y cada camino escogido deje atrás otros aún desconocidos.
*
AFINIDAD.
Una palabra amable que define aquellas cosas que alguien puede tener en común con otra persona. Un concepto que va directo al plano mental que nos hacemos del otro, sus gustos, sus costumbres, sus maneras, sus valores, todos aquellos mecanismos que hacen que una convivencia funcione, que ese pacto implícito sea conveniente y propicio para las dos partes. Pero a veces todas esas cosas dependen de factores tan frágiles, tan cambiantes, que uno no sabe si pertenecen más al ambiente, a la cultura en la que hemos crecido, a la herencia personal de cada uno, y a la voluntad de que las cosas funcionen a toda costa, que a nuestra verdadera esencia.
No miramos más que a través de un prisma heredado, y muy pocas veces logramos dar rienda suelta a nuestra verdadera mirada, aquella que nos revela al instante la naturaleza más íntima de las cosas, sin necesidad de pensarlas dos veces. Uno sabe cuándo tiene delante algo que le conmueve, sin tener que meditarlo. Uno percibe cuándo lleva dentro un sentimiento sincero, sin que le haga falta explicarlo, ni explicárselo a sí mismo, sobre todo. Hay cosas que suceden sin más, tan claras como el día y tan bellas como el ocaso, aunque nuestra mirada no acierte siempre a verlas, tras ese velo de nubes que la normalidad ha tejido con los años.
¿Quiénes seríamos si nuestra naturaleza pudiera conservarse intacta? ¿Llegaríamos a ser de veras alguien si no hubiéramos recibido todas esas influencias, conscientes o no? Nuestra personalidad se va formando por una combinación de ambas fuerzas, el exterior que nos va puliendo y el interior que se va definiendo cada vez más, conforme el tiempo y la experiencia van haciendo su trabajo.
[...] No puedo decirte si la afinidad sustenta o no las relaciones humanas, no sé si lo que construye de veras una convivencia feliz reside sólo en esas cosas, la conveniencia de un modo de vida, la tolerancia con el espacio propio del otro. Mi experiencia me dice que sí, que todo eso no sólo es útil, sino muy necesario. Pero también mi voz interior me deja claro que cuando un alma se siente en comunión con otra, a un nivel tan íntimo, todo lo demás deja de importar, todo lo demás acaba encajando, entrando en armonía por una suerte de ley natural.
*
ACTUAR.
[...] Vivir es actuar cuando la vida nos da pie, porque no hemos venido a ser espectadores, sino a escribir nuestra propia historia, el guión original que sólo nosotros podemos idear para ser felices, dignos y completos. Todos los seres humanos tenemos una responsabilidad con nuestra propia felicidad, y no podemos traicionarla con las estrategias de la mera supervivencia, ni mucho menos con el miedo. Vivir requiere valor, actuar requiere valor, pero sólo entonces nuestra vida se convierte en algo valioso de veras, en aquello que realmente vinimos a hacer a este mundo. Y si todos nos atrevemos a ser audaces, a no traicionar nuestra felicidad, conseguiremos además una realidad mejor, sin reproches, sin culpas que achicar en otros, un mundo en el que cada uno será responsable de su propia sabiduría, aquella que poco o nada tiene que ver con lo que cualquier persona normal esperaría de nosotros, ni con lo correcto o lo cabal —que suelen ser puntos de vista ajenos— sino con lo que nuestro ser interior necesita realmente para crecer en plenitud.
*
ATRAVESADO.
[...] Tengo miedo.
Tengo miedo de no ser valiente y arrepentirme después.
Tengo miedo de tener miedo y arrepentirme siempre.
Tengo miedo de ser demasiado valiente y estropear algo.
Publicado por Sergi Bellver el 26.2.08 37 huellas
Matices: De mi sed, Literalidad
miércoles, marzo 05, 2008
Por si no lo sabes...

si muriera esta noche mi cuerpo
y me enterraran mañana
por la mañana yo
ésta que ahora estoy
ya no estaría más
ya no estaría
y sin embargo quedita
mi alma desenterrada sería
de un ataúd perecible y de éste cuerpo ni mío
y se haría la alquimia
el corazón y la mente
y las palabras mías en tus adentros eternizaría
si muriera yo esta noche
ésta que ahora soy no partiría
como díscola y obstinada flor te perseguiría
como estos versos
versos que extrañan
versos que arañan el tiempo para quedarme en vos
domingo, febrero 17, 2008
Hablar, reír y dar besos
Haditas :)
Darwin no sólo se dedicaba a contradecir a la Santa Madre Iglesia, su vida era una perenne investigación multidisciplinar, que le llevó a los terrenos de la sociología y la psicología en su: "Expressions of the emotions in man and animals" de 1872.
En uno de sus viajes (lamento no poder precisar algo más) se enfrascó en una conversación con un niño de cinco años, habitante de una remota isla. En un momento le preguntó al pequeño aborigen, acerca de lo que pensaba él que era la felicidad; el niño no tuvo que pensar siquiera su respuesta, y le soltó, con una sonrisa luminosa: "Hablar, reír y dar besos".
Es curioso como, gracias al soberbio grado de comunicación, que entre todos hemos forjado, he podido ser educado en tan delicada cuestión, por un ignoto churumbel, tan alejado de la cultura occidental.
Somos primates, por mal que le pese a los que tienen montado el chiringo, en la insostenible ficción de nuestro origen divino; y como monitos, tenemos una tendencia clara a agruparnos, y recibir de esta circunstancia, el regalo, que a una mente sólo ocupada en lo importante, le da la idea de seguridad, y la promesa de afectos y placeres.
He podido, tras asimilar la doctrina de aquel travieso sabio atolondrado, darme cuenta de que ahí , precisamente, reside la felicidad.
¡Soy feliz, soy un hombre feliz!, y no quiero que me perdonen los muertos de mi felicidad, quiero que se alegren conmigo, por haber llegado.
He conseguido un lugar donde estar cómodo, rodeado de todo lo que me place, y os tengo a vosotros, que me acicaláis, que me acariciáis con vuestras palabras e ingenio, y al escribiros, yo también os miro a los ojos, os acaricio. Nos despiojamos mutuamente de esas sensación de precariedad emocional, que es la verdadera pandemia de nuestros días; llenamos nuestras horas así de un contacto con nuestros pares, reuniendo a la manada con un clic de ratón.
Río con la mejor de las risas, acoxegado por vuestras ocurrencias, y en mi oasis en Habib-El-Anuri, están todos los besos, bajo un perpetuo cielo estrellado, y una media luna polvorienta, que sonríe cómplice.
No hay en ninguna posesión, algo que pueda equipararse a estos tesoros accesibles, renegad de todo aquello que os aleje de la posibilidad de ser felices, quebrad las ramas del viejo árbol si os place un nido con vistas, a otros ojos, a otras manos que acariciar en palabras. Hablad, reíd, dad besos.
-Lenguaraz-
http://lenguarazdetucapaunsayo.blogspot.com/
miércoles, febrero 06, 2008
Una palabra...

...la primera que se te escape incontrolablmente.
Escríbela aquí, si lo deseas.Me encantaría.
Gracias.
domingo, enero 27, 2008
Me niego a ponerme título

Este es uno de esos momentos en que mi alma, mi espíritu - o como se llame esa cosa que no se como llamar-, se olvida del encierro de un cuerpo físico, de las barreras que me impongo aunque no quiera y sale, inconteniblemente se me sale, o mejor: me salgo.
Me salgo de la sal. Es algo. Sal (me digo).
Salgo de la sal porque estoy llorando. Más que algo. Entonces siento la certeza de una cierta tristeza...todas las lágrimas saben igual, las lágrimas de todas las mujeres, de todos los hombres, de todos los niños, de todos los ancianos; las lágrimas de los ricos y de los pobres, de los felices y de los infelices, las lágrimas de los sanos y las lágrimas de los enfermos. Todas saben igual.
¿Por qué saben igual?
Igual saben porqué.
Y no me importa si en esta situación se escribe “por qué” o “porqué”; sinceramente no me importa.
Momento como el que describo, momento en el cual me describo y me escribo, así, tal cual, mientras cada una de mis lágrimas me marca el sendero que debo recorrer para llegar junto a vosotros. Destino de los iguales.
Lo mismo ocurre con la risa.
En ambos casos hay que desenjaularse.
Por favor, decidme si me equivoco.
miércoles, enero 16, 2008
Dime, Oliverio...
NO SE ME IMPORTA UN PITO...
No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar. 
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.
OLIVERIO GIRONDO
domingo, enero 13, 2008
Del agua y del fuego.

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Dr. Jekyll Y Mr. Hyde. R. L. Stevenson / 1886/ TERROR / Gran Bretaña
Jekyll descubre una droga que desdobla la personalidad. Cuando la toma, se convierte en el malvado y repulsivo Mr. Hyde.
ALFONSO BASALLO
Es casi imposible leer esta novela sin estremecerse. A pocos textos del XIX —el siglo de los Prometeos redivivos, los catatónicos hipersensibles de Edgar Allan y los febriles moradores de la noche—, se les puede aplicar con más propiedad la etiqueta de obra de terror. Porque no es un miedo externo y poco verosímil sino un terror alojado en el centro de nuestro ser. Jekyll libra una lucha eterna. Escandalizado, como Frankestein y Buda, por la presencia del mal no sólo en el mundo, sino también en su propia carne, concibe el romántico sueño de separar el trigo de la cizaña. Así, «el injusto seguiría su camino, libre de las aspiraciones y remordimientos de su inflexible hermano gemelo y el justo podría caminar, practicando el bien, sin estar dispuesto al deshonor por culpa de unos malos instintos que no eran los suyos». Y él mismo se convierte en cobaya del experimento. Pero la parte salvaje y brutal del atormentado centauro le gana terreno poco a poco a la personalidad noble. Muchos e importantes temas deja apuntados Stevenson: la libertad, el determinismo, la droga como liberadora del instinto, la esquizofrenia del hombre contemporáneo, y —como no podía ser menos en un autor romántico— el fracaso de la ciencia en su insensata pretensión por construir un mundo inmaculado. Con Jekyll, el hombre al que los nativos de los Mares del Sur llamaban «Tusitala» («El que cuenta historias») consiguió su relato más cautivador; y el viajero avezado e infatigable hizo el periplo más difícil... por las brumosas costas de la conciencia.
sábado, enero 12, 2008
lunes, diciembre 31, 2007
lunes, diciembre 03, 2007
La pestaña del lobo

Si no sales al bosque, jamás ocurrirá nada
y tu vida jamás empezará
-No salgas al bosque, no salgas- dijeron ellos.
-¿Por qué no? ¿Por qué no tengo que salir al bosque esta noche?- preguntó ella.
-En el bosque habita un enorme lobo que se come a las personas como tú. No salgas al bosque, no salgas por lo que más quieras.
Pero, naturalmente, ella salió al bosque y, como era de esperar, se encontró con el Lobo, tal como ellos le habían advertido.
-¿Lo ves? Ya te lo decíamos- graznaron.
-Eso es mi vida, no un cuento de hadas, zopencos – replicó ella -.
Tengo que ir al bosque y encontrarme con el lobo; de lo contrario, mi vida jamás podrá empezar.
Pero el lobo que ella encontró había caído en una trampa, se le había quedado la pata prendida en un cepo.
-¡Socorro, auxilio! ¡Ay, ay, ay! – gritaba el lobo - . ¡Socorro, ayúdame y te daré la justa recompensa! – añadió.
Porque eso es lo que hacen los lobos en los cuentos de esta clase.
- ¿ Y cómo sé yo que no me vas a hacer daño? – le preguntó ella, pues su misión era hacer preguntas - . ¿Cómo sé yo que no me matarás y me dejarás reducida a los puros huesos?
- Mala pregunta – dijo el lobo-. Tendrás que confiar en mi palabra.
- Y el lobo reanudó sus aullidos y lamentos.
¡ Ay! ¡Ay! ¡Ay!
Sólo hay una pregunta
que merece la pena hacer, hermosa doncella,
¿dóooonde está
el
almaaaaaaa ?
- Oh, lobo, voy a correr el riesgo. ¡Vamos allá!
Abrió la trampa, el lobo sacó la pata y ella se la envolvió con hierbas medicinales y plantas.
- Oh, gracias, dulce doncella, mil gracias – dijo el lobo, lanzando un suspiro.
Pero, como había leído demasiados cuentos que no debía, ella exclamó:
- Bueno, ahora ya puedes matarme, anda, terminemos de una vez.
Pero no fue eso lo que ocurrió. En su lugar, el lobo alargó la pata y se la apoyó en el brazo.
- Soy un lobo de otro tiempo y lugar – dijo. Y, arrancándose una pestaña del ojo, se la entregó diciendo -: Úsala y procura ser sabia. De ahora en delante sabrás quién es bueno y quién no lo es tanto. Mira a través de mi ojo y lo verás todo con claridad.
Por dejarme vivir,
te ofrezco vivir
como jamás en tu vida has vivido.
Recuerda que sólo hay una pregunta
que merece la pena hacer, hermosa doncella,
¿dóooonde está
el
almaaaaaa?
Y así la doncella regresó a la aldea,
alegrándose de estar viva.
Y esta vez cuando ellos le dijeron,
“Quédate aquí y cásate conmigo”,
o “Haz lo que te digo”,
o “Di lo que yo quiero que digas,
pero que todo quede tan en secreto
como el día en que viniste”,
la doncella tomó la pestaña del lobo
miró a través de ella
y vio sus motivos
tal como jamás los había visto.
Y a la vez en que
el carnicero pesó la carne
ella miró a través de la pestaña del lobo
y vio que pesaba también su pulgar.
Y miró al pretendiente
que le decía “Soy el que te conviene”,
y vio que no le convenía para nada.
Y de esa manera y muchas más
se salvó
no de todas
pero sí de muchas
desgracias.
Pero, además, con esta nueva visión, no sólo vio al astuto y al cruel sino que el corazón se le hizo inmensamente grande, pues miraba a las personas y las volvía a calibrar gracias al don que le había otorgado el lobo al que ella había salvado.
Y vio a los que eran verdaderamente buenos
y se acercó a ellos,
encontró a su compañero
y permaneció a su lado todos los días de su vida,
percibió a los valeroso
y se acercó a ellos,
captó a los fieles
y se unió a ellos,
vio perplejidad por debajo de la cólera
y se apresuró a disiparla,
vio amor en los ojos de los tímidos
y se inclinó hacia ellos,
vio sufrimiento en los callados
y cortejó su risa,
vio necesidad en el hombre sin palabras
y le habló,
vio fe en lo más hondo de la mujer
que afirmaba no tenerla
y se la volvió a encender con la suya.
Vio todas las cosas
con la pestaña del lobo,
todas las cosas verdaderas
y todas las cosas falsas,
todas las cosas que iban contra la vida,
y todas las cosas que iban a favor de la vida,
todas las cosas que sólo podían verse
a través de los ojos de aquel
que pesa el corazón con el corazón,
y no sólo con la mente.
Así descubrió que era cierto lo que dicen, que el lobo es la más sabia de las criaturas. Si prestas atención, el lobo cuando aúlla hace siempre la pregunta más importante, no dónde está el alimento más próximo, la pelea más próxima o la danza más próxima,
sino la pregunta más importante
para ver dentro y detrás,
para sopesar el valor de todo lo que vive,
¿ dóooonde
estáaaa el
almaaaa?
¿Dónde está el alma?
Sal al bosque, sal enseguida. Si no sales al bosque,
jamás ocurrirá nada y tu vida no empezará jamás.
Sal al bosque,
sal enseguida.
Sal al bosque,
sal enseguida.
“Mujeres que corren con los lobos”
Clarissa Pinkola Estés
domingo, noviembre 18, 2007
Fernando Pessoa

"Suave, como tener madre y hermanas,
la tarde rica desciende...
No llueve ya, y el vasto cielo
es una gran sonrisa imperfecta...
Mi conciencia de tener conciencia de ti
es una prez,
y mi saberte sonriendo
es una flor mustia en mi pecho...
¡Ah, si fuésemos dos figuras
en una lejana vidriera!...
¡Ah, si fuésemos los dos colores
de una bandera de gloria!...
Estatua acéfala retirada a un lado,
polvorienta pila bautismal,
pendón de vencidos que tuviese escrito
en el centro este lema:
¡Victoria!"
Versión de Rafael Díaz Borbón
miércoles, noviembre 07, 2007
Sin título VII

“El coronel no tiene quien le escriba” revivió mi insanidad. Tomé lápiz, papel y le escribí:
“Es fiel a sus convicciones al no cambiar, por nada, un segundo de su memoria.
En la carencia absoluta, lo único que no se pierde es el pasado, los momentos de felicidad que no se repiten”.
Doblé el papel despacito, y mientras miraba y moría en el vacío nacía un barco entre mis manos. Lo dejé sobre la mesa y salí a caminar. Cuando regresé, el barco continuaba,
detenido, en el mismo lugar. Lo tomé, lo desdoblé y volvió a su esencia; no tenía timón, volvió a ser papel. Entonces escribí:
“Coronel, créame, soy un personaje, como usted. Me infiltré en su vida. Nos han escrito al revés: cuando todo debiera ser tranquilo y placentero nos sentimos desgraciados y enfermos; como el asma, que suele presentarse en noches frías y húmedas pero también en los veranos, mientras compartimos la espera de una carta que nunca llega”.
Me levanté, rasgué el papel en muchas partes que convertí en una gran lluvia de pájaros, palomas mensajeras, impares pares de alas cansadas vomitando un destino
sin dirección.
Apreté mis dientes y tragué saliva antes de hablarle al Coronel y enfrentar la intemperie.
“Présteme su paraguas, amigo; ayúdeme con esta lluvia desatinada”
sábado, noviembre 03, 2007
http://esceptico2007.blogspot.com

sábado 3 de noviembre de 2007
Solución de continuidad.
Adiós vieja, El espectáculo debe continuar. Las dos últimas entradas hablan por sí mismas. Hablan entrecortadas, repletas de emoción, pero no lo dicen todo. He sido terriblemente irresponsable con ustedes. Puede que injusto.
A la 1:14 de la madrugada del uno de noviembre perdíamos a Angelina, mi madre. Tenía el amor mucho más grande que el corazón. Así, se le reventó la vida, se le cercenó la aorta y se le fue el aliento. Toda su energía parecía desvanecerse; irradiar hacia un universo lejano, frío y agradecido.
Días antes, el veinte de octubre a las 14:06 se produjo el único acontecimiento capaz de rivalizar en importancia con esta dolorosa muerte: nacía Sigfrid, mi tercer hijo. Ser testigo del parto, de su repugnante belleza, me convirtió en un semidiós inexpugnable. Cuando su cabecita empapada emergió por la boca sagrada de la hembra, me fue dado contemplar el traspaso de poder: todos los misterios de la vida, los que el cosmos guarda para los elegidos que saben sonreír a diario, que hacen del silencio una de sus mejores armas y de la negociación discreta su herramienta, por una sinapsis extraña, comenzaron a fluir desde ella hasta él.
Algún demiurgo amable decidía no condenarnos a una soledad definitiva.
-Escéptico-
viernes, noviembre 02, 2007
La que se encontró

"Me gustan los besos
los mojados
de hombres cansados
de arrebatos
Me gustan los besos
los que caen como versos
al vacío de un alma de papel
Me gustan los besos
los besos chiquitos
creciendo y haciéndose grandes
para morirse
ahogados en la miel"
La que se encontró lloró estos versos
pobres versos mudos
solo para él
para el de los besos mojados
el hombre ciego y cansado
tan sordo de hiel
el hombre perdido de él
domingo, octubre 28, 2007
miércoles, octubre 24, 2007
http://nomequedo.blogspot.com

MIRAR
Yo creía que el mirar era simplemente abrir los ojos y recibir imágenes. Con el paso del tiempo descubrí que no había mirado nunca hasta que no lo hice en silencio con una compañía al lado a quien dejarle la mano o la palabra como una caricia. Eso hace que lo que se ve se empape de amor o de amistad y deje en lo más profundo la sensación de placer y plenitud. Me acuerdo de cuadros, plazas o ciudades brillando todavía con los ojos a cuyo lado los miré una vez. Pero, sobre todo, aprendí a mirar paisajes en el mar y la montaña. Los largas miradas acompañado por el Paseo Marítimo de Málaga o los silenciosos intervalos de tiempo interminable en las alturas de la Sierra de Guadarrama sobre El Escorial, me hicieron un adicto a los paisajes, especialmente a las amanecidas.
Varias se me han quedado grabadas profundamente como una sensación sin precedentes en el núcleo más duro de mi capacidad de sentimiento. Todas ellas fueron precedidas de una búsqueda: un caminar aún nocturno y laborioso hasta la cumbre y una espera: la lenta gradación del paso de la sombra hasta la luz sobre el giro inexorable de la tierra contra el tiempo y el espacio. Mirar ese tránsito fue siempre, mientras lo hice solo, entender la certeza inexplicable de una firmeza sobre la propia fragilidad; y, cuando pude hacerlo acompañado, palpar la dulce convergencia de la mirada y el cuerpo sobre el mismo instante en que nos habla el tiempo.
Con esa sensación evoco ahora la ingenua mirada que plasmé en un ingenuo poema de hace quince años:
MIRANDO EN COMPAÑIA
Trepó la paz de verde a mi costado
y subió despacito hasta mi frente.
Me abracé al verde de mi paz, callado,
y me dejé anegar en su corriente.
Pensé: ¿por qué un paisaje
puede ser la caricia que soñaba?
¿Por qué la ola de un monte hace que baje
la brisa que me besa y no se acaba?
Entonces descubrí que no era brisa,
no eran prados; y el mar en la distancia
no era mar: era huella, leve y concisa
de personas que pasan por la estancia
inmensa del paisaje posando su mirada,
dejando sus suspiros como flores
de un paisaje mejor. Dejé prendada
en las personas mi alma y mis amores
y de nuevo pensé: "miremos juntos,
soñemos juntos, juntos añoremos
el mundo que miramos. Sólo juntos
haremos ese mundo que queremos".
o, mucho más tarde:
Cierro los ojos. Sólo un árbol.
El fondo azul, montañas, nubes, pájaros.
En ellos mi mirada enardecida,
tan dulcemente equivocada y sola,
crea el ámbito excelso de tu forma.
Un viento inexistente te me trae:
que no falte tu voz en este cuadro.
Pero mirar no se agota sólo en cuadros, fotos o paisajes. Además están los cuerpos. Sobre todo los cuerpos deseados. De la mirada implacable sobre ellos es probable que no haya posibilidad de hablar sin hacer sentir previamente ese deseo con el que se mira. Se puede mirar, y así lo hacemos cuando nos lo proponemos, una escultura, un cuadro o la gente que pasa a nuestro alrededor.
Pero nada comparable a mirar cuando alguien nos dice: “Mira”. Supla aquí el silencio pudoroso todo lo que a la impotente palabra se le escapa. Si acaso este tímido poema:
Hay ojos al final de nuestro cuerpo
como hay cuerpo al final de nuestra mente.
Por eso el todo que ahora somos
se vuelca en la mirada
para decir, buscar, hallar sentir.
A distancias que ahogan los abrazos
la imagen acunada en la retina
es la única forma de llenar
el hueco incandescente del deseo.
Ybris
viernes, octubre 19, 2007
miércoles, octubre 03, 2007
lunes, septiembre 17, 2007
LOS AMIGOS
crecen lirios de paz
se extienden blancos por doquier
se elevan
y el alma se les roza
se saben desde sus raíces profundas
honrando la fértil tierra que los acuna
los engendra el amor del hombre que respeta la tierra
...
Para vos, Pato,envuelto en un abrazo verdadero y para los amigos que aquí se sienten como en casa.
http://especiesquedesaparecen.blogspot.com
sábado, septiembre 15, 2007
ONIROIDES
Antes del cero, del big bang
y de los abuelos
Antes del vuelo del espermatozoide
de la manzana y de los tabloides
Antes del australopiteco, de sus
primos chuecos
Antes del bostezo, del adiós,
de los primeros besos
Antes de fruncir el ceño
Antes de todo fuimos un sueño
fuimos un sueño
fuimos un sueño
Antes de Cristo, de Ayatolás
y de Mefisto
Antes de las seis de la mañana
de la plaga freudiana
Antes de darte por vencido
del ADN y del olvido
Antes del fin del mundo
de los últimos segundos
Antes de los bohemios
Antes de todo fuimos un sueño
fuimos un sueño
fuimos un sueño
Antes de ayer, de las voces,
de Babel
Antes de los museos, de los locos,
de ese parpadeo
Antes de tomar un escabio
de los astrolabios
Antes de la cocción, del gato maula y
del mísero ratón
Antes de ser tan pequeños
Fuimos un sueño
Antes fuimos un sueño
Un sueño
Somos un sueño.
-Antonio Castro-
sábado, septiembre 01, 2007
Cadáver ex qui si tus...
Antiguamente
puramente caminábamos al sol
Discretas palabras que describen
la inquietud del alma
Una rama cayó
sobre el reflejo de la luna en el lago
Es esquizo esto que escribo
Recibo este final exquisito
como un cadáver recién nacido
un neonato innato
un final sin sefini
Me tocó escupir con letras
la última parte de algo partido
parido de nuestras venas
Que valga el punto y la pena
y lo que resta de esta esquizofrenia
lo que resta de nuestras palabras
Es esquizo esto que escribo y así lo recibo
Y para encontrarme me perdí
...
Gracias, Ma,An,Fa y Be. Una noche exquisita.
viernes, agosto 31, 2007
CORAZONES SIN CORAZAS.
Abrazarlos, besarlos y agradecerles, no me satisface...Por ello, les envío mi amor y mi amistad, Amigos y Amigas, pues hoy es mi cumpleaños y vuestra compañía durante todo este tiempo ha sido, y es, un precioso regalo imposible de olvidar.
Siempre están, en las buenas y en las malas. El ego suele mentirnos, el alma no.
¡Un brindis por vosotros!
In
viernes, agosto 24, 2007
Guitarra
Hoy tomé tu guitarra
la acaricié, toqué acordes
compuse versos
descubrí disonantes
y sonidos nuevos
Luego, la lustré
y la guardé…
Por último la besé…a tu alma
Agradezco de corazòn al autor (desconocido) de este bello poema.
miércoles, agosto 22, 2007
Honrar la vida
No, permanecer y transcurrir no es perdurar, no es existir, ni honrar la vida. Hay tantas maneras de no ser, tanta conciencia, sin saber, adormecida. Merecer la vida no es callar y consentir tantas injusticias repetidas. Es una virtud, es dignidad, y es la actitud de identidad más definida. Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir porque no es lo mismo que vivir honrar la vida No, permanecer y transcurrir no siempre quiere sugerir honrar la vida. Hay tanta pequeña vanidad en nuestra tonta humanidad enceguecida... Merecer la vida es erguirse vertical más allá del mal de las caídas. Es igual que darle a la verdad y a nuestra propia libertad la bienvenida.
viernes, junio 22, 2007
La cosa
Y bueno, ¿que le vamos a hacer?...la cosa es así. Vamos y venimos...y la cosa sigue allí...La cosa, digo, ¿eh?. Porque la cosa es inevitable; aparece por todos los lugares y a todo momento. Claro, algunas veces antes, otras veces después. Pero siempre está. Los que la tienen , no la ven. Los que la ven, la detienen. Los que la alcanzan hasta pueden sentir lo acuosa que puede llegar a ser cuando se les va escapando por entre los dedos. ¿Por qué será que es así la cosa?...Cosas de la vida... Se daba vueltas y vueltas y mas vueltas, sobre su lado contrario. Hasta que despertaba y estaba con un mareo terrible, de esos que hormiguean hasta los secretos mas bien guardados debajo de la almohada, que hasta las hadas los guardan y resguardan...Sí, de no creerlo. Pero así sucedía siempre que se cansaba de esperar y se recostaba junto a la puerta inexistente, desde el lado de dentro, claro. Y no había forma; el lado contrario no tranquilizaba y el timbre no sonaba y la irreal puerta no tenía cerraduras y no tenía ni por dónde asomarse porque no existía ni siquiera una rendija que le sirviera de luneta. Porfiado ese lado contrario... La casa estaba abierta; siempre estaba abierta. Claro, no le habían construido ni una sola puerta, y la única ventana que se podía ver era en la parte menos notable, bien en el centro de la casa. En el centro. Pero como no poseía cortinas ni vidrios ni nada, era posible entrar y salir, porque siempre era posible pasarla o traspasarla, porque solo tenía el lado derecho, y eso hacía que, a pesar de pasar casi inadvertida, fuese posible respirar siempre que fuese necesario hacerlo. Algunas veces, la cosa llega








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